
Nada mejor para la causa de cualquier pueblo, nación o pedanía que una celebritie, o, ya puestos, un surtido de ellas, defienda su noble causa. Pon un Richard Gere en tu reivindicación y tu grito de protesta llegará hasta el último rincón del mundo de la empanadilla, para entendernos, el denominado como “desarrollado”. Al día siguiente esa causa será portada de todos los periódicos, TV’s, radios, medios digitales y demás pastores del rebaño mientras los que vivimos dentro de la empanadilla nos llevaremos las manos a la cabeza afligidos ante tamaña injusticia. Estos días toca sentirnos apesadumbrados por la represión del pueblo tibetano a manos del gobierno chino y manifestarse contra él, lo que, vaya por delante, merece todos mis respetos. Esta "join venture" entre celebrities y causas nobles tiene un efecto no tan deseable, ¿qué pasa con aquellas causas que no tiene un padrino famoso? Pues no pasa nada, apenas se ven, ergo apenas existen. Haberlas, "hailas". Por ejemplo, sin salir de China, la mayoría del pueblo chino sufre los mismos abusos por parte de su gobierno que los tibetanos pero nadie, o casi nadie, ha pedido el boicot a los Juegos Olímpicos por ese motivo. Hasta para ser desgraciado hay clases. Y si no que le pregunten a los saharauis, lo que darían por tener una Angelina Jolie.