
Dejando de lado si es laborista, tory, pepero, sociata o mediopensionista alegra el comprobar que hay algún que otro político por ahí que dice lo que piensa sin las ataduras de lo políticamente correcto. Decir lo que piensas sin la obligación de decir lo que los que te escuchan quieren oír. Súmale esa imagen despreocupada, camisas por fuera y pelambrera alborotada. Su nombre, Boris Johnson, bufón excéntrico y candidato a la alcaldía de Londres amén de especialista en meter el pie en todo charco que encuentra. Comparado con nuestra anodina, insípida y gris casta política difícil no sonreír ante perlas como:
- “los negros tienen sonrisa de sandía”
- “en Papua Nueva Guinea se solían hacer orgías de canibalismo”
- “las probabilidades de que yo llegue a primer ministro son las mismas que las de reencarnarme en una aceituna”
- “Votándome, su mujer tendrá tetas más grandes y crecerán sus posibilidades de tener un BMW M3”
- “Una vez me dieron cocaína pero estornudé y nunca llegó a mi nariz. En realidad, podría haber sido azúcar glasé”
- “hablar por el móvil mientras conduces no es necesariamente más peligroso que cualquier otra de las cosas arriesgadas que uno puede hacer al volante, como sacarse los mocos, leer el periódico, estudiar el callejero o pegar a los niños”
- “si el matrimonio gay está bien entonces no veo razón por la que una unión entre tres hombres, o dos hombres, o tres hombres y un perro, no pueda ser viable”