Las cosas de Lady Mirinda&Dandy Brandy

sábado, 9 de mayo de 2009

Rebelión bovina



Leer las noticias, en y de España, provoca una irritación ocular inmediata causada por el frotar de ojos derivado de la sensación de irrealidad, surrealismo, y, antes de nada, patetismo. Dos ejemplos, aquí y aquí, de esta semana del mundo de la empanadilla que es como el de Orwell pero versión cañí, cateta y casposa. Publicadas por los pofesionales del periodismo y avalada por nuestra excelsa casta política. ¿Qué tienen de 'ilegal'? Pa' llorar y no mear. Ya puestos me quedo con nuestros compadres latinos, siempre dando el toque kitch.

domingo, 26 de abril de 2009

y una de gambas camarero


ARCADI ESPADA

Respira hondo
25.04.2009 Querido J:

España perdió en 2008 más ventas de coches que Italia, Francia y Alemania juntas. Más de un millón de turistas británicos dejó de viajar a España el año pasado. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico prevé que a España le costará más salir de la crisis que a cualquier otro país europeo. Sólo España e Italia no se recuperarán económicamente este año ni el que viene, según el Fondo Monetario Internacional. El índice de lectura en España descendió en 2008. España tiene el doble de parados que la OCDE. El número de autónomos cae en España siete veces más rápido que en el conjunto de la UE. La OCDE alerta a España del deterioro de sus cursos de posgrado. La banda ancha en España es la más estrecha y cara de Europa. El Parlamento Europeo censura por tercera vez los abusos urbanísticos y asegura que España vive en un estado de corrupción endémica. El secretario general de la OTAN declara que España es un país poco fiable, después del abandono de las tropas de Kosovo. El acceso a internet en España es el segundo más caro de los países de la OCDE. Paul Krugman declara que la perspectiva económica española es «aterradora».

La mañana en que te escribo España ha llegado a los cuatro millones de parados, el 17,3% de la población activa, y México ha sobrepasado su Producto Interior Bruto.

La recopilación no es exhaustiva y no va más allá de las noticias, publicadas desde principios de año, en que los datos españoles entren en forzada comparación con los de otros países. No incluye algunas cuestiones endémicas como la calidad general de su educación o los niveles de su producción científica; la recopilación podría ampliarse con los diagnósticos regionales: por ejemplo lo que el Financial Times acaba de escribir sobre la relación entre burocracia, inversión extranjera y nacionalismo, respecto al caso catalán y «su antipática política lingüística».

El caso español, sintagma. El hecho diferencial de la crisis global. El final de una historia feliz que empezó a la muerte de Franco. Todos los países viven a crédito. Todos tienen su burbuja. Probablemente las burbujas son necesarias para la economía y para la vida. Pero ninguna ha crecido como en el caso de España.El crédito, que no sólo es económico, sino también moral, proviene de la transición política. Para sorpresa del mundo, se quebró la vieja afición y España evitó la guerra civil. La corriente de admiración y afecto que aquello generó en el extranjero fue manifiesta. Entre los más sorprendentes milagros hasta redujo (sin llegar a evaporarlo, ¡oh, la, la!) el paternalismo francés.Pero lo más importante sucedió dentro: un cierto orgullo español del presente. La transición casi pacífica a la democracia proyectó sobre el ciudadano un orgullo en sí; una suerte de yes we can sin música, o lo que fue peor: con música (¡y letra!) de Jarcha.El orgullo puede cifrarse: España pasó de un 25% de paro a rozar el pleno empleo y se transformó en el país de Europa que vio crecer en mayor proporción el número de inmigrantes.

El orgullo se vino arriba paulatinamente hasta los Juegos Olímpicos de 1992 y atravesó fechas gloriosas. Una fue la bufonada del 23 de Febrero, cuya única consecuencia relevante fue la liquidación del problema militar en España. Otro la entrada como miembro de pleno derecho en la Comunidad Europea. Y otro, esos Juegos Olímpicos que convirtieron a España... ¡en un modelo de eficacia! Un país democrático, en paz y eficiente no lo había soñado nadie.Y entonces sucedió. Se descubrió que el responsable del Banco de España no pagaba sus impuestos. Que el director de la Guardia Civil robaba, y lo que es peor, aparecía en calzoncillos, rodeado de señoritas con mordisco de vacuna, en las páginas de Interviú.Que se podían hacer butrones con brillantina. Y se descubrió también que el responsable de la seguridad del Estado había firmado de su puño y letra un comunicado de los GAL. En este punto, tengo una opinión: a la opinión general le afectó menos el crimen de Estado que la chapuza. Acababa con el vislumbre de eficiencia.Volvía la caspa. La corrupción en lo más alto fue un episodio muy desmoralizador, de efectos profundos y a largo plazo. Y abrió la veda psicológica de miles de pequeñas corrupciones locales.En ese principio del fin del orgullo hubo una causa clave: buena parte de la corrupción económica y moral afectaba a la izquierda y se había producido con la izquierda en el poder. De pronto, todo se volvió usado. El que la izquierda devolviera las tornas de la llamada crispación a la derecha y su vuelta al poder coincidiera con la matanza de Madrid acabaría añadiendo una densidad impenetrable (¡de agujero negro!) a la circunstancia.

Pero ésa es otra historia. La nuestra de hoy es que en los años del orgullo y la prosperidad los españoles dejaron de hacer dos cosas fundamentales: afianzar una reforma profunda del sistema educativo que facilitara la posibilidad de hacer más flexible y variada la base productiva y organizar con criterios racionales el Estado autonómico y su moral derivada. Hoy son los factores clave de la singularidad de la crisis española. La crisis de la construcción no ha sido ninguna sorpresa. Hace ya más de 10 años que se habla en España de burbuja inmobiliaria. La respuesta no era pincharla. La respuesta era preparar los mejores camareros del mundo, y algún biólogo molecular, si podía ser. Pero la educación se convirtió en un trámite más de la corrompida euforia general.No dudo, con el nuevo ministro Gabilondo, que la actual generación de jóvenes sea la mejor formada de la historia de España. También la sanidad, las carreteras y los transportes son los mejores de la historia de España. Tan obvio es eso como que se trata de una generación insuficientemente formada; y lo prueban los informes objetivos de Pisa y una simple ojeada al mercado de trabajo y mi subjetiva experiencia profesoral de 15 años. En cuanto al Estado autonómico, baste el Financial Times para los devotos de la prensa extranjera: la construcción del Estado autonómico ha fracasado técnicamente. Y el desvarío moral nacionalista ha acabado con los restos del orgullo común de los españoles: por el sistema práctico y drástico de acabar, no ya con el orgullo, sino con los españoles, hoy sustituidos por catalanes, vascos, gallegos, andaluces, aragoneses, y mil etcéteras deficitarios hasta la insolvencia.

Ya sabes que soy poco dado a los apocalipsis. Incluso creo que no está probado que vaya a morirme. Sólo quería decirte que al proyecto español de la transición se le ha acabado su línea de crédito.

Sigue con salud.

A.

viernes, 20 de marzo de 2009

viernes, 13 de febrero de 2009

Darwin

200 años de darwin. del mono al hombre y vuelta al mandril. para este viaje no hacían falta alforjas.

domingo, 11 de enero de 2009

¿Qué significa desproporcionada? A. Glucksmann


Ante un conflicto, la opinión se divide entre los incondicionales, que ya han decidido quién tiene y quién no tiene razón, y los circunspectos, que consideran ésta o aquella acción como oportuna o inoportuna en función de las circunstancias, sin perjuicio de mantener cierta reserva hasta estar más informados.
En Oriente Próximo no se lucha sólo para hacer respetar unas reglas del juego, sino para establecerlas
El enfrentamiento en Gaza, por sangriento y terrible que sea, deja asomar, sin embargo, una luz de esperanza que las imágenes dramáticas muchas veces ocultan. Por primera vez en el conflicto de Oriente Próximo, el fanatismo de los incondicionales parece minoritario. El debate entre los israelíes (¿es el momento?, ¿hasta dónde?, ¿hasta cuándo?) se desarrolla como es habitual en una democracia. Lo sorprendente es que hay un debate similar a micrófono abierto entre los palestinos y sus partidarios, hasta el punto de que, incluso después de que comenzaran las operaciones israelíes de castigo, Mahmud Abbas, jefe de la Autoridad Palestina, tuvo el valor de achacar a Hamás la responsabilidad inicial del sufrimiento de la población civil en Gaza, por haber roto la tregua.

Por desgracia, las reacciones de la opinión pública mundial -medios de comunicación, diplomáticos, autoridades morales y políticas- parecen ir con retraso respecto a la evolución de los directamente afectados.

Es obligatorio destacar la palabra que triunfa y cimienta un tercer tipo de incondicionalidad, que condena urbi et orbi la actuación de Jerusalén por considerarla "desproporcionada". A las imágenes de Gaza bajo las bombas se añade, por consenso universal e inmediato, el subtítulo de que Israel actúa de manera desproporcionada. A veces, los reportajes y comentarios añaden palabras como "matanzas" y "guerra total". Afortunadamente, hasta ahora se ha evitado el vocablo "genocidio". ¿Será tal vez que el recuerdo del "genocidio de Yenín" (60 muertos), repetido machaconamente y después olvidado, paraliza el exceso de excesos? No obstante, la avalancha de opiniones se rige por la condena incondicional, a priori, de la desmesura judía.

Consultemos el primer diccionario a mano: desproporcionado es lo que está fuera de proporción, bien porque la proporción no existe, bien porque se ha roto, se ha transgredido. Esta segunda acepción es la que se utiliza para fustigar las represalias israelíes, que se consideran excesivas, incongruentes, discordantes, que superan los límites y las normas. El sobrentendido es quizá que existe un estado normal en el conflicto entre Israel y Hamás y que el belicismo de Tsahal (el Ejército israelí) lo desequilibra, como si el conflicto no fuera -como todo conflicto serio- desproporcionado desde su propio origen.

¿Cuál es la proporción justa que hay que respetar para que Israel cuente con unas opiniones favorables? ¿Que el Ejército israelí no utilice su superioridad técnica y se limite a emplear las mismas armas que Hamás, es decir, la guerra de los imprecisos misiles Grad, las piedras, la estrategia de los atentados suicidas a discreción, las bombas humanas y la selección deliberada de las poblaciones civiles como objetivos? O, mejor aún, ¿convendría que Israel espere pacientemente a que Hamás, gracias a Irán y Siria, "equilibre" su potencia de fuego?

A no ser que se trate de equilibrar no sólo los medios militares, sino los fines que se persiguen. Ya que Hamás -en contra de la Autoridad Palestina- se obstina en no reconocer el derecho de existir del Estado judío y sueña con la aniquilación de sus ciudadanos, ¿querríamos que Israel imite ese radicalismo y proceda a una gigantesca limpieza étnica? ¿De verdad queremos que Israel refleje "de forma proporcional" los deseos exterminadores de Hamás?

Cuando ahondamos en los sobrentendidos del reproche biempensante sobre la "reacción desproporcionada", descubrimos que Pascal tiene razón y que "quien quiere pasar por ángel, se vuelve una bestia". Todos los conflictos, ya estén latentes o en ebullición, son por naturaleza "desproporcionados". Si los adversarios llegaran a un acuerdo sobre el uso de sus medios y los fines que reivindican, dejarían de ser adversarios. Donde hay un conflicto, hay una falta de entendimiento, por lo que cada bando se esfuerza en utilizar sus ventajas y explotar las debilidades del contrario. Tsahal no renuncia a ello y "se aprovecha" de su superioridad técnica para escoger sus objetivos. Y Hamás tampoco, porque utiliza a la población de Gaza como escudos humanos sin tener en cuenta los escrúpulos morales ni las obligaciones diplomáticas de su adversario.

Para trabajar a favor de la paz en Oriente Próximo, es necesario huir de las tentaciones de la incondicionalidad, que persiguen no sólo a los fanáticos dispuestos a todo, sino también a las almas angélicas que sueñan con una sacrosanta "proporción" que equilibre de manera providencial los conflictos asesinos.

En Oriente Próximo, no se lucha sólo para hacer respetar unas reglas del juego, sino para establecerlas. Está bien debatir libremente sobre la oportunidad de ésta o aquella iniciativa militar o diplomática, pero sin considerar que el problema está resuelto de antemano por la mano invisible de la buena conciencia mundial. Querer sobrevivir no es desproporcionado.

ANDRÉ GLUCKSMANN. El País. 06/01/2009