Las cosas de Lady Mirinda&Dandy Brandy

jueves, 27 de noviembre de 2008


sábado, 15 de noviembre de 2008

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martes, 7 de octubre de 2008

Tiburones de formol


Artículo de Mario Vargas Llosa publicado en El País.


El más prominente de los llamados Young British Artists, Damien Hirst (ya no tan joven pues tiene 43 años), subastó hace algunos días en Sotheby's, en Londres, 223 obras suyas y la subasta le deparó, en un par de días, 198 millones de dólares, la más alta cifra alcanzada en un remate consagrado a un artista único. El acto fue precedido por un gran fuego de artificio publicitario, pues era la primera vez que un pintor vivo ofrecía sus obras al público a través de una casa de subastas para librarse de pagar las comisiones que cobran las galerías y los marchands. Y fue seguido por otro torneo no menos ruidoso de sensacionalismo mediático cuando se reveló que varios amigos de Hirst, entre ellos su galerista neoyorquino, habían participado en la puja para inflar los precios de los cuadros.
Más interesante que esta noticia, y que, por ejemplo, saber que gracias a su exitosa subasta Damien Hirst ha inyectado un buen puñado de millones a su fortuna personal, calculada en unos 1.000 millones de dólares, es el hecho de que, a raíz del remate de Sotheby's, muchos críticos que habían contribuido con sus elogios desmedidos a cimentar el prestigio de Hirst como uno de los más audaces artistas modernos comienzan ahora a preguntarse si el ex delincuente juvenil y exhibicionista impenitente -cuando yo vivía en Londres hizo mucha alharaca que posara ante la prensa con un cigarrillo colgado en el pene- tiene en verdad algún talento o es solamente un embaucador de formidable vuelo.
La más severa descarga contra él procede de Robert Hughes, uno de los raros críticos contemporáneos que, hay que recordarlo, en sus columnas de arte de Time Magazine no participó nunca del papanatismo de sus colegas que convirtió a Hirst en un icono del arte moderno. Hughes, indignado con lo ocurrido, describe así la subasta de Sotheby's: "Lo único especial en este episodio es la total desproporción entre los precios alcanzados y su talento real. Hirst es básicamente un pirata y su destreza consiste en haber conseguido engañar a tanta gente en el mundo del arte, desde funcionarios de museo como Nicholas Serota, de la Tate Gallery, hasta millonarios neoyorquinos del negocio de inmuebles, haciéndoles creer que es un artista original y que son importantes sus 'ideas'. Su único mérito artístico es su capacidad manipuladora" (la traducción es mía). Hughes se burla con ferocidad de las interpretaciones seudo religiosas y seudo filosóficas que han dado los críticos a los animales preservados en formol en recipientes de vidrio, como el célebre tiburón por el que un especulador de Wall Street, Steve Cohen, pagó 12 millones de dólares, creyendo por lo visto que el adefesio que compró es algo así como una hipóstasis artística de la violencia y la vida. Hughes recuerda que, en su Australia natal, él ha visto muchos tiburones, "una de las más bellas criaturas de la creación", y que toda aquella palabrería teórica para ensalzar un mamarracho al que el esnobismo imperante en el mundo del arte valoriza en semejante astronómica suma de dinero, es una "descarada obscenidad". Y afirma que, otra de las bullangueras realizaciones de Hirst, su famosa calavera incrustada de diamantes, dice menos sobre la muerte y la religión que los esqueletos de azúcar y de mazapán que se fabrican por millares en los mercados de México en el día de los muertos.
Hirst fue lanzado al estrellato como artista por un afortunado publicista británico, Charles Saatchi, que, en los años noventa, se inventó a los Young British Artists -entre ellos, además de Hirst, Chris Ofili, Jack y Dinos Chapman y Mat Collishaw-, quienes supuestamente estaban renovando de manera raigal la pintura y la escultura modernas con una imaginación desalada e irreverente y con técnicas novísimas. La campaña de Saatchi tuvo éxito total, críticos y galerías se sumaron a ella y en muy poco tiempo ese grupo de ilusionistas plásticos había alcanzado la celebridad y precios elevadísimos para sus obras. Llegaron incluso a la tradicional Royal Academy que, en 1997, les abrió las puertas con una exposición dedicada a todo el grupo. Yo fui a verla y, ante lo que me pareció una payasada de mal gusto, dejé testimonio de mi decepción en un artículo, Caca de elefante, que me mereció algunas protestas.
La verdad es que no hay que sorprenderse de lo ocurrido con Hirst y su operación especulativa en Sotheby's. El arte moderno es un gran carnaval en el que todo anda revuelto, el talento y la pillería, lo genuino y lo falso, los creadores y los payasos. Y -esto es lo más grave- no hay manera de discriminar, de separar la escoria vil del puro metal. Porque todos los patrones tradicionales, los cánones o tablas de valores que existían a partir de ciertos consensos estéticos, han ido siendo derribados por una beligerante vanguardia que, a la postre, ha sustituido aquello que consideraba añoso, académico, conformista, retrógrado y burgués por una amalgama confusa donde los extremos se equivalen: todo vale y nada vale. Y, precisamente porque no hay ya denominadores comunes estéticos que permitan distinguir lo bello de lo feo, lo audaz de lo trillado, el producto auténtico del postizo, el éxito de un artista ya no dependa de sus propios méritos artísticos sino de factores tan ajenos al arte como sus aptitudes histriónicas y los escándalos y espectáculos que sea capaz de generar o de las manipulaciones mafiosas de galeristas, coleccionistas y marchands y la ingenuidad de un público extraviado y sometido.
Yo estoy convencido de que las mariposas muertas, los frascos farmacéuticos y los animales disecados de Hirst no tienen nada que ver con el arte, la belleza, la inteligencia, ni siquiera con la destreza artesanal -entre otras cosas porque él ni siquiera trabaja esas obras que fabrican los 120 artesanos que, según leo en su biografía, trabajan en su taller- pero no tengo manera alguna de demostrarlo. Como tampoco podría ninguno de sus admiradores probar que sus obras son originales, profundas y portadoras de emociones estéticas. Como hemos renunciado a los cánones y a las tablas de valores en el dominio del arte, en éste no hay otro criterio vigente que el de los precios de las obras de arte en el mercado, un mercado, digamos de inmediato, susceptible de ser manipulado, inflando y desinflando a un artista, en función de los intereses invertidos en él. Ese proceso explica que uno de esos productos ridículos que salen de los talleres de Damien Hirst llegue a valorizarse en 12 millones de dólares. ¿Pero, es menos disparatado que se pague 33 millones de dólares por una pintura de Lucian Freud y 86 millones por un tríptico de Francis Bacon, por más que en este caso se trate de genuinos creadores, como hizo el millonario ruso Roman Abramovich en una subasta en Nueva York el pasado mayo?
El otro criterio para juzgar al arte de nuestros días es el del puro subjetivismo, el derecho que tiene cada cual de decidir, por sí mismo, de acuerdo a sus gustos y disgustos, si aquel cuadro, escultura o instalación es magnífica, buena, regular, mala o malísima. Desde mi punto de vista, la única forma de salir de la behetría en la que nos hemos metido por nuestra generosa disposición a alentar la demolición de todas las certidumbres y valores estéticos por las vanguardias de los últimos ochenta años, es propagar aquel subjetivismo y exhortar al público que todavía no ha renunciado a ver arte moderno a emanciparse de la frivolidad y la tolerancia con las fraudulentas operaciones que imponen valores y falsos valores por igual, tratando de juzgar por cuenta propia, en contra de las modas y consignas, y afirmando que un cuadro, una exposición, un artista, le gusta o no le gusta, pero de verdad, no porque haya oído y leído que deba ser así. De esta manera, tal vez, poco a poco, apoyado y asesorado por los críticos y artistas que se atreven a rebelarse contra las bravatas y desplantes que la civilización del espectáculo exige a sus ídolos, vuelva a surgir un esquema de valores que permita al público, como antaño, discernir, desde la autenticidad de lo sentido y vivido, lo que es el arte verdaderamente creativo de nuestro tiempo y lo que no es más que simulacro o mojiganga.
Será un largo proceso, y por eso sería conveniente que comenzara cuanto antes, porque el arte tiene una función central que cumplir dentro de la cultura de una época, es un centro neurálgico de la vida espiritual de una comunidad, una fuente de solaz y de goce, de enseñanzas para depurar las imperfecciones de que está hecha la rutina cotidiana y un guía que constantemente señala unas formas ideales de ser, de amar, de vivir y hasta de morir. Por eso el arte no puede quedar secuestrado por unas minorías insignificantes de pitonisas, bufones y negociantes, cortado casi totalmente de ese barro nutricio que es la colectividad, de la que todo gran arte ha extraído siempre su energía y su materia prima a la vez que a ella devolvía unas formas y unos modelos que ennoblecían sus deseos y sus sueños. Sólo si el arte recupera su libertad y se emancipa de esos grupúsculos de esnobs, frívolos y especuladores entre los que ha quedado confinado, nos libraremos de los Damien Hirst.


© Mario Vargas Llosa, 2008.

domingo, 28 de septiembre de 2008

sábado, 27 de septiembre de 2008

Chachipiruli juan pelotilla


Dormir hasta las dos, descorchar una botella, ver a una niña moverse bien, una centolla...o decir "aquí un amigo" cuando sólo has leido hasta la página siete.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

¿Qué fue de Steve Urkel?


No ha sido fácil. Horas de investigación y multitud de puertas cerradas no pudieron con nuestra obstinación de reporteros criados al albur de las faldas de Mercedes Milá.Ya lo dijo la Rana Gustavo "el que la sigue, la consigue...y si no, malo será". Nos encontramos con Steve en Manhattan, la cita es en el Starbucks situado en la confluencia de las avenidas cuarta y decimonovena, a las puertas de su hasta hoy oficina como Director Financiero de Lehman Brothers. Pero, comencemos desde el principio que diría un hombre de procedimientos.

Mirinda&Brandy: Steve, son muchas las preguntas sin respuesta, ¿a qué se debe tu "desaparición"?

Steve Urkel: No ha sido desaparición stricto senso, aquí estoy. Ya en serio, fue la necesidad de alejarme del mundo de la fama y lo que trae consigo. En aquellos años (década de los 90) ni siquiera podía acercarme al Blockbuster y alquilar una película de mi estrella porno favorita entonces, Tracy Lords, sin que me reconocieran con el pitorreo que eso conllevaba. Hacía el idiota en el set de grabación, y, vale, al menos me pagaban. Otra cosa era que me llamaran pajillero gratuitamente.

M&B: Finalizada la serie abandonas el mundo del espectáculo, ¿por qué?

S.U.: Como haces de estúpido, te tienen por idiota. Es lo que tiene la gente, masa bovina a la par que aburrida. Para satisfacerlos debes hacer lo que esperan de ti, el imbécil. De tanto hacerlo un día te levantas y mientras desayunas Corn Flakes te das cuenta de que eres tonto del culo o necio que para el caso es lo mismo pero en plan bien hablao. Se te pasan las ganas de seguir con los cereales y decides suicidarte taponándote todos los orificios corporales con tortitas de maíz. Pero claro, volvemos a la primera derivada, soy bobo y es lo que tenemos los memos, ni para morir valemos. Me taponé casi todos los orificios, os ruego no me hagáis entrar en detalles. Como tontolculo me olvidé de uno de los agujeros de la nariz, como es en singular pensaba que sólo había uno. Lo que sigue os lo podéis imaginar. La familia horrorizada, los productores aberrados y el público disfrutando. A Carl Winslow tuvieron que darle sales del impacto.

M&B: Nos ponemos en situación Steve.

S.U.: Lo que va después es lo de siempre, caída al infierno de las drogas, el vicio y la desesperación. Que si quien que soy, a dónde voy, para qué y demás boberías típicas de los intensos. Me ahorro los detalles, Don Pimpón lo describió bien. Resurrección de la mano del amor, como en las pelis.

M&B: Háblanos de la resurrección.

S.U.: Muy Hollywoood, una noche tipo Leaving Las Vegas encontré el amor, con Blossom, que como yo, iba camino del averno juvenil. Ya sabéis, fuimos felices y comimos perdices.

M&B: Bonito Steve.

S.U.: Algunos tenemos suerte pero no siempre es así. Mira a la que fue mi primer amor, Judy Winslow, trágico la verdad. Desde entonces Carl, su padre, no habla y vegeta abonado al Canal de Golf las 24 horas.

M&B: En cambio a ti sí te sonrío la fortuna.

S.U.: La tuve, pero consecuencia del esfuerzo. Multitud de trabajos alimenticios, aparcacoches, repartidor de pizzas, portero de Mc Donalds compaginando los estudios en el instituto nocturno. Entonces cayó en mis manos un libro que me cambió la vida “Quien se ha llevado mi queso”. Fue un impacto, comprendí como conseguir mis objetivos. Hice un MBA en la Universidad de Kentucki, donde los pollos y fui escalando en el mundo financiero hasta llegar aquí. Hasta hace dos horas era el Director Financiero de Lehman Brothers, me acaban de despedir “por ser el origen y culpable único de la crisis mundial”. Pero, ¿he sido yo?.


En este mismo instante Steve es detenido por Los Ángeles de Charlie en colaboración con el agente Colombo. ¿La acusación? Ser malo malísimo, el Bin Laden de las finanzas. Cariacontecido y esposado Steve entra en el Batmovil camino de la prisión de Alcatraz a la espera del juicio.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Raca raca


6:45 AM y el despertador empieza a dar la matraca. Ring ring. Raca raca. Es lunes y eso tiene bonus, hay que afeitarse, me veo en el espejo como el padre de Mafalda, superado por los acontecimientos y ojos bovinos. Las 7:20 y el coche no arranca, sin batería. Raca raca y al metro. 7:30 el mal olor se aguanta, otra cosa es el calor, mi camisa es un sudario, el after-shave tapona mis poros y el sudor brota a borbotones. Gafas empañadas y olor a casquería. Aguanta, paciencia. Raca raca. 7:45 salgo del metro, llueve, imposible mojar más la camisa, parezco la braga de Cicciolina. Raca raca. 7:55 entro en la oficina, 7:56 me encierro en el WC, seco la camisa en la máquina del aire caliente de las manos. Otro espejo donde verte, torso desnudo, panza al aire, el jefe entrando y tu explicándole el numerito. Raca raca. Ánimo, sólo faltan 10 horas. Raca raca. Mal día para dejar de fumar, mala suerte. Raca raca la matraca.

domingo, 7 de septiembre de 2008

arde jalisia co lume forestal

Más ídolos


Otra figura olímpica. Ivan Ukhov, ruso, saltador de altura en sus momentos abstemios. No le quieren pagar los organizadores del Super Grand Prix de Lausanne, doping por vodka dejan caer las malas lenguas. Las cosas como son, lo dió todo. Be water my friend.

Excepción cultural


Lady Mirinda vuela hacia Niu Yol camino de la faxion wik. Tu mach risión tunait watching Zoolander. Revolucionaria.

Coda: que malo es el cinemá de Joliwúd, los artistas epañoles crean (¿?) obras como "La torre de Suso", "Camino a las estrellas" y demás subvencionado moderneo casposo que son humor inteluá. Mañana, gratis con El Mundo, "La escopeta nacional", menos mal, reir sin parar.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Tono, politono, sonitono

El mundo de los sonidos para el móvil no conoce límites. Quiero éste del muñeco ñoño, la bandera de España y el logo de la vaca lechera, all together

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lunes, 25 de agosto de 2008

Ídolos olímpicos

Victor Covalenco, decatleta moldavo saltando longitud en Beijing 08.
Photobucket
Erik Moussambani, nadador guineano de 100 metros libres en Sidney 00.

sábado, 23 de agosto de 2008

:)

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Pasando un poco y más de sectarismos, lugares comunes y buenismos políticamente correctos dale al play, deja los prejuicios y sonríe.


* Nota de un brandy con mirinda:: el vidéo que diría un caraqueño lo tenemos por visionar, es lo que tiene tener un chucho muerde cables de altavoces, pero los personajes prometen.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Fokin Wao